El hombre se incorporó en su asiento de Clase Business al escuchar al Comandante del vuelo a Pekín anunciar que por un pequeño inconveniente técnico se efectuaría un aterrizaje de emergencia a fin de que los pasajeros pudieran abordar otra nave.
     Luego se recostó nuevamente y cerró los ojos mientras su mente volvía al momento en que muchos años atrás él mismo había sellado su destino…
     Cuando la azafata pasó junto a el y le pidió  amablemente que se abrochara el cinturón de seguridad para el aterrizaje, el hombre la obedeció con una sonrisa triste y la mirada ausente.


     Sucedió una noche. La muerte deambulaba por las calles desiertas cuando vió una persona dormida en un banco. Al acercarse, descubrió que se trataba de un hombre muy joven, apenas salido de la adolescencia.
     Lo adivinó solitario y forastero, venido de tierras lejanas detrás de un Sueño muy distinto a la realidad que vivía. Lo tocó en el hombro para despertarlo y cuando el joven la vió no hicieron falta las presentaciones. El joven enfrentó a la Muerte con la osadía del que nada tiene por perder (o de quien, si pierde, lo pierde todo), esgrimiendo una tijera que tenía escondida entre sus ropas.
     La muerte envidió esa impetuosidad juvenil y, en un arranque de protectora ternura que no es muy común en ella, le perdonó la vida.
     - Eres un Luchador. - Le dijo.- y como tal elegirás donde y cuando morir.
     - Que sea el día que pise Hong Kong por primera vez- Dijo el joven con total descaro y un dejo de ironía en la voz.
     - Se hará como lo has dicho - Prometió la Muerte, y se marchó.


     Los caminos del joven lo llevaron a vivir diversas aventuras. Con el paso de los años se convirtió en un hombre fuerte en el campo de la tecnología y más tarde, en escritor de novelas de tramas atrapantes y finales sorprendentes. Su presencia era muy solicitada allí donde se editaban sus libros, así como en congresos y convenciones y el hombre viajaba alrededor del mundo con total confort.
     Sin embargo, nunca olvidó la noche en que la Muerte lo sorprendió dormido en aquel banco y por esto evitó cuidadosamente la famosa ciudad de las finanzas hasta ese día que, en medio de una gira de presentaciones en Asia y Oceanía, el hombre se incorporó en su asiento de Clase Business al escuchar al Comandante del vuelo a Pekín anunciar que por un pequeño inconveniente técnico se efectuaría un aterrizaje de emergencia a fin de que los pasajeros pudieran abordar otra nave.
     Luego se recostó nuevamente y cerró los ojos mientras su mente volvía al momento en que muchos años atrás él mismo había sellado su destino…
     Cuando la azafata pasó junto a el y le pidió amablemente que se abrochara el cinturón de seguridad para el aterrizaje, el hombre la obedeció con una sonrisa triste y la mirada ausente.
     Minutos después, el avión aterrizó en la pista sin mayores contratiempos y los pasajeros empezaron a desembarcar.
     Estaban en el Aeropuerto Internacional de Hong Kong.
     Y la muerte no había olvidado su promesa.



 “Morir en Hong Kong”
     Septiembre 23, 2006


En un pueblo de Escocia venden libros con una página en blanco perdida en algún lugar del volumen. Si un lector desemboca en esa página al dar las tres de la tarde, muere... y no es casualidad.

Es la terrible venganza de una bruja, cuyo hijo único se quitó la vida un viernes santo, a las tres de la tarde. Este joven escribió la historia novelada de su amor no correspondido y su madre encontró el manuscrito junto al cadáver.

Enfurecida por el dolor, intercaló a las hojas ya escritas una en blanco para que quienes la vieran a las tres de la tarde pusieran en blanco su propio futuro y murieran.

Luego dejó el manuscrito en la puerta de la niña que su hijo amaba, buscando causar en esa familia el mismo dolor que sentía. Pero quiso la adversidad que un tercero encontrara el manuscrito y lo publicara, respetando la curiosa hoja en blanco que dividía el relato.

Todavía quedan unos cuantos ejemplares de esa edición y se venden como incunables, porque nunca volvió a publicarse aquella historia.

Si vas a Escocia, estimado lector, no compres libros antiguos. Y si en algo valoras tu vida, nunca te pongas a leer una novela de amor antes de tomar el té de las cinco.



La consigna de Blonda es terminar este cuento en menos de 200 palabras...

"En un pueblo de Escocia venden libros con una página en blanco perdida en algún lugar del volumen. Si un lector desemboca en esa página al dar las tres de la tarde, muere..."

Veremos qué sale...


Quisiera ser blanca paloma en tus manos,
blanca como es blanca una hoja de papel.

Sé que no soy blanca, sé que espero en vano...
Tus manos llegan tarde a estrenar mi piel.

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