“El vehículo dobló la esquina rápidamente y el sonido del motor se desvaneció en la noche. Mariel sintió que las piernas no podrían sostenerla y se sentó en el cordón de la vereda.
Su pulso no temblaba cuando su mano pequeña, con dedos largos y finos de uñas redondas abrió la cartera y sacó el paquete de cigarrillos y un encendedor. Prendió un rubio, aspiró con pereza y exhaló el humo de manera aún más cansina.
Quizá, después de todo, la pesadilla había terminado. Quizá, y sólo quizá, la deuda había sido adecuadamente saldada para todas las partes.”
Su pulso no temblaba cuando su mano pequeña, con dedos largos y finos de uñas redondas abrió la cartera y sacó el paquete de cigarrillos y un encendedor. Prendió un rubio, aspiró con pereza y exhaló el humo de manera aún más cansina.
Quizá, después de todo, la pesadilla había terminado. Quizá, y sólo quizá, la deuda había sido adecuadamente saldada para todas las partes.”
Así empieza el que considero mi cuento mas zarpado. El más ajeno a mí.
Ese que puedo leer como si lo hubiera escrito alguien más guiando mi pluma...
Pero es justo que los cuentos vayan apareciendo en el orden en que los escribí.
Así que vamos a pasar a otro del año '96.
Ese que puedo leer como si lo hubiera escrito alguien más guiando mi pluma...
Pero es justo que los cuentos vayan apareciendo en el orden en que los escribí.
Así que vamos a pasar a otro del año '96.
Escrito en: 2007
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